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#BringMyNrmal: ¿Por qué el Nrmal importa?

Pasaron cosas interesantes antes y durante de la edición 2020 del Festival Nrmal.


Texto por Lalo Lara
Fotos por Oscar Morales

Decir que el Festival Nrmal que inauguró esta nueva década se llevó sin problemas sería engañarnos a nosotros e intentar engañarlos a ustedes. Sin duda alguna el camino al Nrmal 2020 fue un complicado. Primero en noviembre, fecha usual en la que comienzan sus actividades previas, se nos anunció que Flying Lotus sería quién encabezaría la edición próxima del festival, y luego tuvimos tres meses de silencio en el que lo único que sabíamos era que sin duda alguna artista  y su hypercube nos volaría la cabeza el 7 de marzo en el ya usual Deportivo Lomas Altas. Luego, a menos de un mes del festival y todavía en un silencio casi total conocimos el cartel completo. 

El cartel, sin Flying Lotus hasta arriba, no apantallaba a un festivalero promedio, a pesar de que el talento que se presentó era fuerte y de bastante calidad. Tuvimos a Juana Molina golpeando su guitarra mientras jugaba con su voz a través de una electrónica sutil. A las legendarias Bush Tetras destruyendo el escenario recorriendo su larguísima carrera en la escena punk. The Sea and The Cake hicieron que el escenario se sintiera pequeño para ellos tocando desde sus canciones más experimentales de jazz hasta aquellas que parecen jugar con el midwest-emo. Y en la parte local tuvimos a Belafonte Sensacional poniendo a bailar a todo el festival, tocando después de Fumata, una banda que sin duda está haciendo mucho ruido en la escena metalera de la ciudad.  

Pero el peor de los escenarios sucedió: Flying Lotus canceló a menos de 24 horas del festival por razones personales. Esto dejó al festival sin el acto con el que básicamente vendieron la mayoría de los boletos. Responsabilizar al festival por la cancelación de oriundo de los Ángeles, California es ignorar el hecho de que la razón de esta fue ajena y también una sorpresa para la organización. Pero también no podemos quitar de toda culpa a la organización ya que esa fue su principal campaña de publicidad por TRES largos meses de silencio (sí, hay que remarcar esos tres meses de silencio). ¿Cuál fue el gran error de esta edición? 

El gran problema de esta edición es que ni ellos confiaron en sí mismos. El promocionar fuertemente sólo a un artista nos habla de que no confiaron en el fuerte talento que estaba detrás del headliner. Y es que la verdad es que el talento que se presentó a lo largo del día era lo suficiente sólido y ruidoso como para una edición en sí, sin la necesidad de Flying Lotus. Y esto es algo que se ha ido sintiendo desde el 2018, año en el que Mac DeMarco fue headliner. Esa edición y la siguiente se vendieron con los headliners, a pesar de haber un talento increíble también en el resto del cartel.

Algo que hacía único al Nrmal era que cada edición era una apuesta hacia los futuros headliners de festivales del mundo y de México. La organización sabía que el talento al que debían apostarle era al local y a los actos frescos de todo el mundo. En 2015 tuvimos un show súper íntimo de Porter en el festival, antes de que regresaran a los grandes escenarios del Vive Latino o del Teatro Metropolitan. O Phantogram y Future Islands destrozando el escenario para que años después volvieron llenando un venue para ellos solos. Pero para el inicio de esta nueva década el ambiente que se vendió era Flying Lotus más sus actos abridores. 

Porter en su presentación en el Festival Nrmal del 2015 (foto de Daniel Patlán para Vice)

Y es que aquí la razón por la que el Nrmal importa tanto y debe de ser una de las plataformas que más debe de cuidarse y apoyarse: el festival era la única oportunidad del año en el que artistas y aficionados a la música podían reunirse en un mismo lugar, trabajar en conjunto para crear fuertes carreras musicales que después se adueñarían de los grandes escenarios. Los headliners pasados eran algo así como un “plus”, un caprichito que siempre se agradeció. 


Pero el público, talento, y organización sabía que la esencia y piezas claves del festival eran esos actos que sonaban raro pero te ponían a bailar. Porque si no tenemos lo que sucedió este pasado sábado 7 de marzo: una actitud de “pues ya qué, es lo que hay y ya pagué mi boleto” que lo único que logra es que no se disfrute al máximo lo más fresco del underground.

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